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Miércoles, 14 Diciembre 2016 09:04

EL ENGAÑO CEREBRAL DE LA VISIÓN PERIFÉRICA

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Nuestro cerebro

Cerebro - Ilusión óptica - Dr. Rafael Benavides Yanguas

Tu visión periférica, aquello que sueles ver por el rabillo del ojo, probablemente no es tan real como imaginabas.

Las ilusiones ópticas son algo bastante común en nuestro día a día. Nuestro cerebro, en muchas ocasiones, tiende a llenar los huecos de información con pequeñas mentiras con el fin de no dejarnos “en blanco”. Ese es el caso de nuestra visión periférica, pues en este caso nuestro cerebro también rellena espacios en blanco.

Nuestro cerebro, de nuevo, nos vuelve a engañar haciéndonos creer que poseemos mayor cantidad de información visual de la que realmente tenemos. En el siguiente enlace de www.omicrono nos explica por qué se producen las ilusiones ópticas.

El sentido de la vista reside en el cerebro

 En la actualidad, se sabe que el cerebro analiza por separado toda la información transmitida por la retina. Esta información viaja a través del nervio óptico al núcleo talámico, que se encarga de enviarla a la corteza visual primaria, en la parte posterior de nuestra cabeza. Esta estructura se encarga de dividir la información y llevarla a la corteza visual secundaria. Esta estructura tiene distintas regiones que procesan la información por separado: forma, color, movimiento, profundidad… Esto conlleva una gran especialización en el estudio de los factores de la imagen; sin embargo, puede también dar lugar a errores si hay zonas de la corteza visual que transmiten información contradictoria.

El cerebro ha desarrollado a lo largo de al evolución mecanismos para corregir estos errores, que salen a relucir cuando estamos ante una ilusión óptica.

Es cierto que el cerebro nos hace percibir una imagen distorsionada de la realidad, lo que quiere decir que no vemos el mundo tal cual es. Sin embargo, esta capacidad de completar información ha sido clave en nuestra historia evolutiva. Si no viéramos como una ilusión óptica el último ejemplo, los objetos cambiarían de color constantemente.

Además, la tendencia de nuestro cerebro a establecer figuras y reconocer patrones, puesta de manifiesto con el triángulo de Kanizsa, tuvo que ser fundamental en su día para imaginar constelaciones y estudiar el movimiento de las estrellas. Movimientos que sirvieron a nuestros ancestros para saber la estación de año que se avecinaba y, con ella, si llegaban lluvias o sequías. En infinitos casos son útiles las aproximaciones que hace nuestro cerebro aunque, en algunas ocasiones, den lugar a ilusiones ópticas. Por ello, es posible que el cerebro nos engañe, pero si lo hace es para simplificar un mundo demasiado complejo y para dar una visión de él acorde con lo que necesitamos.

El engaño cerebral de la visión periférica

Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron un experimento de visión periférica para demostrar que, en las circunstancias adecuadas, gran parte de la información visual que creemos poseer no es real.

Mostraron a 20 voluntarios una serie de imágenes. A cada uno de ellos se les mostró una imagen central, que después se unía poco a poco a otra imagen separada por su borde. Se pidió a los participantes que hiciesen clic en un botón cuando pensaban que la diferencia entre las dos partes de la imagen eran iguales.

Según los resultados del estudio, los voluntarios informaban en muchas ocasiones de forma incorrecta sobre la uniformidad de la imagen antes de tiempo. Es decir el cerebro rellenaba los huecos en blanco de la visión periférica de los voluntarios.

Durante todo el estudio se alteraron la forma, orientación, luminosidad, contraste y movimientos de las imágenes; pero ninguno de estos factores parecía tener nada que ver con la ilusión óptica a la que nos somete nuestra visión periférica.

Lo que sí producía un cambio era que las imágenes centrales y las periféricas fuesen significativamente diferentes. En tales casos, la ilusión óptica era menos probable, o al menos tardaba más tiempo en aparecer.

Cabe destacar que se trata de un estudio bastante pequeño (20 voluntarios), por lo que sus resultados pueden ponerse fácilmente en entredicho. Aún así, no dejan de ser curiosos, y dan pie a realizar investigaciones futuras al respecto con una mayor cantidad de participantes y puede que también una mayor diversidad de imágenes u efectos ópticos con tal de retar a la visión periférica y a nuestro cerebro.

FUENTE: http://www.omicrono.com

 

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